Comunitat Valenciana renta valenciana de inclusión

Vía crucis por una ayuda

La historia de un valenciano sin ingresos, que vive desde hace veinte sin luz ni agua, destapa las trabas burocráticas para acceder a la ayuda de emergencia del Consell | Un vecino solidario se ha erigido en su particular trabajador social: «Con mis medios habría sido imposible», afirma

Se presenta a la cita con unos vaqueros desgastados, una sudadera que hace las veces de chaqueta y unas zapatillas de deporte que aprecia como si fueran de oro. Son del número 47, exactamente el que gasta, y eso son palabras mayores cuando uno está acostumbrado a «buscarse la vida» y llevar el calzado que se encuentre, aunque sea dos números más pequeño. Lleva el pelo más largo de lo que le gustaría y se disculpa por una barba que de hipster tiene poco. «No tengo dinero ni para afeitarme», se disculpa. Habla bajito, como si no quisiera molestar. Mira con otros ojos lo que para el resto pasa desapercibido. «Uy, aquí hay unos 3 euros en chatarra. Ahora cuando acabemos, me la llevaré», explica mientras dirige los pasos hacia su casa.

«Una persona excluida no puede permitirse tener 5 € en una cuenta nueve meses hasta que se resuelva la situación»

Es una persona sin recursos, un excluido social, una persona sin hogar pero con techo, gracias a la herencia de sus padres. Valenciano de pura cepa, pero pobre. Muy pobre. Vecino de un barrio (Marxalenes) que le ha visto crecer y le ve malvivir. Sobrevivir. Porque cada mañana, cuando se despierta en la cama que tiene instalada en su comedor, junto a libros y más libros, piensa «¡adelante!», y se levanta para ir a trabajar.

Reparte los periódicos de un quiosco de 6 a 9.30 horas. Así consigue sus único ingresos fijos: 3 euros al día. Y no siempre. Ha trabajado toda su vida en negro. Dice que es «un manitas». Estuvo contratado siete años en una empresa de serigrafía, aunque su vida laboral solo refleja 1,5 años cotizados. No se lo explica. Y lo dice como si fuera un niño que no comprende el significado del verbo estafar.

Se llama Manuel Iranzo, pero todos le llaman Manolo. Tiene 54 años y esta es su vida, su rutina. Repartir periódicos, recoger chatarra, ayudar a algún vecino con algún recado para conseguir un euro más o que le laven la ropa, comprar lo justo para comer, ir a por agua a la fuente del parque… A veces se sienta en un banco de la calle. El mismo banco en el que encontró a Juan Vicente Cosín, el hombre que se ha propuesto que Manolo consiga una ayuda a la que tiene derecho: la renta valenciana de inclusión.

El único ingreso fijo de Manolo (y no siempre) es de 3 € al día por repartir periódicos de un quiosco de 6 a 9,30 horas

Porque por primera vez el Consell incluye a quienes están fuera del sistema pero, por lo que se ve, solo en el papel. Y es que cuando ambos fueron a pedir las ayudas se encontraron con una realidad muy diferente, con muchas trabas. «La conselleria sabe las deficiencias del sistema desde julio, pero no ha cambiado nada», lamenta Cosín.

Así, el vecino es quien ha tenido que informarle, acompañarle, ayudarle y presentarle la denominada renta valenciana de inclusión. Manolo cumple los requisitos. Todos. No le falta ni uno. Pero para él, solicitar el subsidio es un imposible.

Sin recursos, sin conocimientos, sin saber muy bien ni cómo ni dónde, sin acceso a las nuevas tecnologías, sin cuenta de correo electrónico, sin impresora, sin teléfono móvil, sin cuenta bancaria, pero con DNI, con tarjeta SIP, con número de la Seguridad Social, con vida laboral, con padrón histórico. «Si esto le pasa a Manolo, valenciano y con papeles, es imposible que personas en situación irregular accedan a la renta de inclusión, que los políticos digan lo que quieran… Un Consejo de Ministros celebraba yo en su comedor. Un pleno del Consell. A ver qué decían…», reflexiona en voz alta Juan Vicente, socialista de base de la Agrupación València Nord; «socialista de valores, no de siglas», puntualiza.

Y es que Juanvi ha hecho de asistente social sin serlo. Ha hecho el trabajo que la norma que rige la renta de inclusión asegura que debe hacer su trabajador social. Sin embargo, la lista de espera para una primera «toma de contacto» en los servicios sociales que le corresponden es de ¡cinco meses!.

Si a eso se le suma el «periplo» que han pasado los dos hombres para presentar la solicitud y reunir los documentos pertinentes, la denuncia es clara y la hace Juanvi: «Ni Manolo ni ninguna persona en una situación similar podría haber realizado el trámite solo, con sus propios medios». Y para que no haya duda detallan, paso a paso, el vía crucis. Eso sí, para cada problema propone una alternativa porque se trata de «mejorar y hacer viable una ley que, repito, es magnífica pero debe ser real».

El vía crucis burocrático, paso a paso

  • No hay solicitudes en papel

    Manolo tenía que descargarse la solicitud de ayudas desde internet. El formulario no se encontraba en papel en las oficinas. La solicitud consta de 28 páginas. «No es de extrañar que las personas en exclusión social no sepan o no puedan acceder a esa solicitud. Manolo no es analfabeto y, de hecho, le gusta leer, pero habrá otros ‘Manolos’ que pueden ser analfabetos», explica Cosín tras recalcar que fue él quien descargó el documento y que la solución pasa porque sean los servicios sociales quienes le den una copia a quien no pueda acceder a internet ni imprimir el documento. «Eso es lo mínimo, vamos», afirma, categórico, Cosín.

  • Sin cuenta bancaria

    Levante-EMV publicó la semana pasada la queja de los servicios municipales de algunos ayuntamientos que lamentaban tener bloqueados los expedientes de las personas en exclusión social porque carecían de cuenta bancaria y no podían rellenar este campo en el aplicativo informático con el que trabajan. Manolo, pues, no es una excepción. Juanvi propone, sin embargo, «entregar una declaración jurada con el compromiso de abrir la cuenta bancaria una vez la resolución sea definitiva. Una persona en exclusión social no puede permitirse tener 5 euros en una cuenta nueve meses hasta que se resuelva la ayuda. Así es como lo hemos presentado».

  • Un móvil para obtener la vida laboral

    En la oficina de la Seguridad Social le pidieron a Manolo un teléfono móvil para enviarle un código con el que poder acceder a su vida laboral. Tampoco esto se lo podían dar en papel. Manolo sí tiene móvil, pero tan antiguo que solo admite llamadas. No servía. Y no había alternativa posible. Juan Vicente Cosín tuvo que facilitar el suyo para poder obtener la vida laboral de Manolo. E imprimirla, claro.

  • Certificado de soltería

    Manolo opta a la Renta Valenciana de Inclusión como una unidad familiar de una persona. Podía elegir entre no hacer programa alguno (257,57 euros al mes) o realizar un itinerario sociolaboral (515,13 euros). Manolo ha elegido la segunda opción porque lo que él quiere «es trabajar». Sin embargo, para acreditar que no está casado ni tiene hijos, le pedían un certificado de soltería ya que carece de libro de familia propio y desconoce dónde está el de sus padres. Fue al Registro Civil (en la Ciudad de la Justicia) y lo pudo obtener tras firmar una declaración jurada, a propuesta de Juan Vicente Cosín, «porque tampoco nos daban alternativa para conseguir un documento que, en el caso de Manolo, no conlleva fraude alguno ya que opta a la renta más baja».

  • Sin registro de entrada en Servicios Sociales

    Cuando Manolo y Juanvi reunieron toda la documentación y rellenaron el formulario, decidieron presentarlo por el registro de entrada para que constara la fecha de entrega de la documentación. Fue el 24 de mayo de 2018. «Si lo entregas en servicios sociales no te dan nada. ¿Cómo puedes entonces demostrar la demora o retrasos en la tramitación?», afirma Cosín. Sin ese manejo ante la administración, a saber en qué estado estaría ahora la solicitud de renta a la que opta, por pleno al 15 en los requisitos, Manolo Iranzo.

  • Servicios saturados

    Manolo empezó su particular odisea pidiendo una cita para una primera toma de contacto: le emplazaron para cinco meses más tarde. Dentro de dos días se cumplirán siete meses desde que Manolo presentó la documentación por su cuenta y todavía no ha sido citado por un servicio que no da abasto. Juan Vicente Cosín reflexiona: «Manolo vive sin luz ni agua desde hace 20 años, pero desde que sus padres fallecieron su miseria ya es total. Nadie se ocupa de su comida, ni de su ropa, ni de él. Y la pregunta es: ¿Cuántos ‘Manolos’ hay o puede haber?».

«Fui a conselleria hace seis meses para informar del problema»

  • Cuando Juan Vicente Cosín comprobó las dificultades que suponía para una persona en exclusión social solicitar la Renta Valenciana de Inclusión pidió cita en la Conselleria de Igualdad. Le recibió un asesor y le transmitió las quejas y propuestas que recoge este reportaje.

    La reunión fue el 6 de julio de 2018. «Agradezco la transparencia mostrada pero no puedo comprender cómo, seis meses después, los problemas no están resueltos. Me dijeron, y lo tengo por escrito, que el gestor local puede consultar nueve registros interadministrativos, entre ellos, la Seguridad Social, por lo que no entiendo por qué piden documentos concretos cuando ellos los pueden comprobar. Con una declaración jurada bastaría», lamenta Cosín.

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